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Gabriel A. Rancel
Resumen: (sinopsis de la contraportada)
Tras la revolución, los Drakolords que huyeron de Calípolis se han instalado en los escarpados acantilados de Nueva Pythos y están decididos a recuperar el poder que perdieron. Su primer objetivo es atacar el suministro de alimentos de Calípolis y debilitar a sus antiguos enemigos. Ahora, la guerra parece cada vez más inevitable.
Annie se ha convertido en la nueva Suprajinete de Calípolis y tiene la responsabilidad de dirigir la flota de dragones y proteger a su pueblo. Sin embargo, su posición también la obliga a tomar decisiones difíciles, especialmente cuando el hambre comienza a extenderse por la ciudad y las medidas del gobierno hacen que parte de la población se vuelva contra ella.
Por otro lado, Lee intenta encontrar su lugar después de haber tenido que matar a su propia prima, Julia, para demostrar su lealtad. Cada vez tiene más dudas sobre el régimen que ayudó a construir y debe decidir si permanecer al lado de Annie o unirse a quienes quieren cambiar el sistema desde dentro.
Valoración personal:
Flamefall consigue ampliar de manera considerable los conflictos que ya estaban presentes en Fireborne. Si la primera novela se centraba especialmente en las consecuencias de una revolución y en la relación entre Annie y Lee, esta segunda entrega muestra qué ocurre cuando una revolución termina pero la sociedad todavía tiene que enfrentarse a las consecuencias de sus decisiones.
Considero que uno de los mayores aciertos de la novela es que Rosaria Munda no presenta la revolución como una solución definitiva. El nuevo régimen ha conseguido acabar con parte de las desigualdades del sistema anterior, pero también empieza a reproducir algunos de sus mecanismos de control. La escasez de alimentos, el sistema de racionamiento, las diferencias entre las clases sociales y la amenaza de una nueva guerra hacen que los personajes tengan que enfrentarse a preguntas mucho más complicadas que las planteadas en el primer libro.
La autora vuelve a evitar los planteamientos sencillos. Annie no es simplemente la representante de un gobierno justo, Lee no es simplemente el rebelde que quiere cambiarlo todo y los antiguos Drakolords tampoco son presentados únicamente como enemigos. Cada personaje tiene sus propias razones y sus propias heridas, y eso hace que sea difícil determinar quién tiene completamente la razón.
El ritmo resulta más intenso que en Fireborne, especialmente porque la amenaza de la guerra está presente prácticamente desde el comienzo. Hay más tensión, más conflictos políticos y más situaciones en las que los protagonistas tienen que tomar decisiones cuyas consecuencias afectan a otras personas.
En definitiva, Flamefall es una continuación que consigue hacer crecer la historia y llevarla hacia un terreno más oscuro. No se limita a repetir la fórmula del primer libro, sino que profundiza en las consecuencias de la revolución y en las dificultades de construir una sociedad verdaderamente justa. Es una novela que mantiene los dragones y la aventura como elementos fundamentales, pero que encuentra su mayor fuerza en los dilemas políticos y morales que plantea.
Los personajes:
Uno de los elementos más interesantes de Flamefall es la evolución de Annie y Lee. Ambos personajes han cambiado desde Fireborne y ahora deben enfrentarse a las consecuencias de las decisiones que tomaron anteriormente.
Annie adquiere una posición de poder que nunca había tenido. Convertirse en Suprajinete significa cumplir el objetivo por el que había trabajado durante años, pero también supone asumir una responsabilidad enorme. Su intención continúa siendo proteger a la población, aunque ahora debe tomar decisiones que pueden perjudicar a las personas que pretende salvar. La escasez de alimentos y las medidas de racionamiento hacen que muchos ciudadanos comiencen a verla como parte del problema.
Esta evolución permite que Annie se convierta en un personaje todavía más complejo. Ya no lucha únicamente por sobrevivir o por demostrar su valía, sino que tiene que aprender qué significa ejercer el poder y hasta dónde está dispuesta a llegar para mantener a salvo a su ciudad.
Lee, por su parte, atraviesa uno de los momentos más difíciles de su desarrollo. Después de lo ocurrido al final de Fireborne, debe enfrentarse a la culpa, la pérdida y las consecuencias de sus decisiones. Su conflicto ya no consiste solamente en descubrir quién es, sino en decidir qué clase de sociedad quiere ayudar a construir.
Su relación con Annie también cambia. Ambos continúan teniendo una conexión muy fuerte, pero sus diferentes maneras de entender la justicia hacen que cada vez resulte más complicado que permanezcan en el mismo lado. Esta separación permite explorar una idea muy interesante: dos personas pueden perseguir el mismo objetivo y, sin embargo, terminar enfrentándose porque no están de acuerdo sobre la forma de conseguirlo.
El gran añadido de esta segunda parte es Griff. Su presencia permite conocer una realidad que en el primer libro apenas podíamos observar: la situación de las personas de baja cuna que viven bajo el dominio de los antiguos señores de los dragones. Griff representa a aquellos que se encuentran atrapados dentro de un sistema que no han elegido y que deben decidir entre obedecer para sobrevivir o arriesgarlo todo para intentar cambiarlo.
Su perspectiva resulta muy importante porque demuestra que la desigualdad no ha desaparecido después de la revolución. Griff permite observar desde dentro las diferencias de clase y las relaciones de poder que existen en Nueva Pythos. Además, su evolución aporta una dimensión más personal a los conflictos políticos de la novela.
Los personajes secundarios también adquieren mayor importancia. Power, Cor, Agga y otros personajes ayudan a mostrar las distintas posiciones existentes dentro de ambos bandos. Cada uno representa una manera diferente de enfrentarse a la revolución, la lealtad y el poder.
En conjunto, los personajes de Flamefall evolucionan de una forma natural y están mucho más marcados por las consecuencias de sus decisiones. La novela demuestra que crecer y adquirir responsabilidades también significa enfrentarse a situaciones en las que no existe una respuesta del todo correcta.
Acerca de la narración:
Uno de los principales cambios narrativos de Flamefall es la incorporación de un tercer punto de vista. Al igual que en Fireborne, la historia continúa alternando entre Annie y Lee, pero ahora se incorpora Griff como nuevo narrador. Esta decisión permite ampliar la visión que tenemos del mundo y conocer de primera mano lo que sucede en Nueva Pythos.
La inclusión de Griff resulta acertada porque evita que el conflicto se observe únicamente desde la perspectiva de Calípolis. En Fireborne conocíamos las consecuencias de la revolución desde el lado de los vencedores, mientras que ahora podemos acercarnos a quienes pertenecen al territorio controlado por los antiguos Drakolords. De esta manera, el lector comprende mejor que la guerra no es una lucha entre buenos y malos, sino un enfrentamiento en el que existen diferentes intereses y personas que también sufren las consecuencias.
El estilo de Rosaria Munda continúa siendo claro y accesible, pero en esta ocasión la historia tiene una mayor carga política. Las conversaciones sobre el gobierno, las desigualdades sociales, la distribución de los recursos y las diferentes formas de entender la revolución ocupan un espacio importante dentro de la narración.
Uno de los aspectos que más destaca es la tensión existente entre los personajes. Annie y Lee ya no se encuentran en la misma posición y sus diferencias ideológicas hacen que su relación se vuelva más complicada. Muchas de las situaciones de la novela surgen precisamente de la dificultad que tienen para comunicarse y comprender las decisiones del otro.
El ritmo también resulta más dinámico en comparación con la primera novela. La amenaza de una nueva guerra, las rebeliones internas, la escasez de alimentos y los conflictos en Nueva Pythos hacen que existan varios frentes narrativos funcionando al mismo tiempo. Esto consigue mantener la sensación de peligro.
Por último, los dragones continúan siendo una parte importante del universo, pero vuelven a tener una función que va más allá del espectáculo. Representan poder, prestigio y autoridad, y su control está directamente relacionado con las estructuras sociales que la revolución intentó transformar.
En conjunto, la narración de Flamefall consigue ampliar el mundo de Fireborne y ofrecer una perspectiva mucho más completa sobre sus conflictos. La incorporación de Griff y la división cada vez mayor entre Annie y Lee permiten explorar nuevas dimensiones de la historia y preparar el terreno para el desenlace de la trilogía.
En relación a la historia:
Flamefall profundiza en una de las preguntas más interesantes que planteaba Fireborne: ¿qué ocurre después de una revolución?
La primera novela mostraba el nacimiento de una nueva sociedad después de la caída de un régimen aristocrático. Sin embargo, esta segunda parte demuestra que acabar con un sistema injusto no significa construir uno perfecto. Los nuevos gobernantes tienen que enfrentarse al hambre, a la guerra, a las rebeliones y a la dificultad de distribuir unos recursos cada vez más escasos.
La situación de Calípolis resulta interesante porque el gobierno se ve obligado a tomar decisiones difíciles para mantener el funcionamiento de la ciudad. El sistema de racionamiento plantea una cuestión que aparece a lo largo de la novela: cuando no hay suficiente para todos, ¿quién tiene derecho a recibir más?
A esto se añade la amenaza de los Drakolords, que pretenden recuperar el territorio que perdieron durante la revolución. Su existencia obliga a los protagonistas a enfrentarse a un dilema todavía mayor: ¿es posible construir una sociedad justa mientras se está en guerra?
La historia también reflexiona sobre la facilidad con la que una revolución puede comenzar a reproducir aquello mismo contra lo que luchaba. El nuevo régimen nació con la intención de acabar con las desigualdades, pero algunas de sus decisiones vuelven a crear diferencias entre las personas. De esta manera, Rosaria Munda muestra que cambiar a los gobernantes no siempre significa cambiar las estructuras de poder.
Además, la incorporación de Griff permite observar su historia. Demuestra que las personas que viven bajo un régimen injusto no siempre pueden rebelarse de manera sencilla. Para algunos, la desobediencia puede significar poner en peligro a sus familias, su seguridad o incluso su propia vida.
Por tanto, Flamefall mantiene los elementos de aventura y fantasía de la primera novela, pero desarrolla todavía más sus temas políticos. La amistad, la lealtad, la revolución, la desigualdad, la venganza y el sacrificio vuelven a estar presentes, aunque ahora adquieren un significado mucho más complejo.
En definitiva, la historia consigue demostrar que la verdadera dificultad no está en destruir un sistema injusto, sino en construir algo mejor después de hacerlo. Y, sobre todo, plantea si es posible cambiar una sociedad sin que el poder termine corrompiendo también a quienes comenzaron la revolución.
Para finalizar:
En conclusión, Flamefall es una continuación que consigue ampliar y profundizar los aspectos más interesantes de Fireborne. La autora utiliza nuevamente los dragones y la fantasía como punto de partida, pero el verdadero núcleo de la novela se encuentra en los conflictos políticos, sociales y personales de sus protagonistas.
Annie, Lee y Griff representan tres perspectivas diferentes de una sociedad marcada por la revolución. Annie debe aprender a ejercer el poder sin perder sus ideales; Lee tiene que enfrentarse a las consecuencias de sus decisiones y decidir qué significa luchar por un mundo mejor; y Griff representa a quienes continúan sufriendo las desigualdades de un sistema que parece imposible de cambiar.
La incorporación de un tercer punto de vista enriquece la historia y permite comprender mejor las diferencias entre Calípolis y Nueva Pythos. Asimismo, la evolución de los personajes hace que los conflictos resulten más personales y que las decisiones tengan consecuencias cada vez mayores.
Quizá uno de los aspectos más interesantes de Flamefall sea precisamente que no ofrece respuestas fáciles. La novela obliga a quien la lee a preguntarse si una decisión puede ser justa cuando perjudica a una parte de la población, si la violencia puede justificarse para conseguir un objetivo político y si es posible mantener los ideales cuando se tiene la responsabilidad de gobernar.
Por todo ello, Flamefall no sólo funciona como una segunda parte de la historia de Annie y Lee, sino como una ampliación del universo y de los temas que Rosaria Munda planteó en Fireborne. Es una novela más política, más compleja y, en muchos momentos, más oscura, que prepara el camino para el desenlace de la trilogía y demuestra que el verdadero conflicto no consiste únicamente en decidir quién gana una guerra, sino en decidir qué clase de sociedad quieren construir quienes sobrevivan a ella.
Puntuación: 9 / 10
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